Julio C. Perotti

Internet, periodismo, medios y demás.

>Una presentación ante la Red Rumbos


>PRESENTACIÓN RED RUMBOS
Julio C. Perotti
Coordinador de Noticias
La Voz del Interior
Buenos Aires, 1° de diciembre 2008

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Seguramente, ustedes están acostumbrados a escuchar charlas magistrales que, en muchos casos, incluyen fórmulas para el éxito.
No está en mí cometer tal osadía. No las tengo, aunque en verdad me gustaría.
Sólo quiero transmitirles aquí la visión de un periodista que, pese a casi 30 años trajinando redacciones en Córdoba y su interior, no se rinde a ver cómo los diarios pierden influencia, sin hacer nada para al menos intentar revertirlo.
Ustedes están preocupados, verdad?
Yo también.
Todos los que estamos en la industria de los diarios observamos a diario cómo cae la circulación; más lenta, más rápidamente, pero va en baja.
Podría mostrarles decenas de números. Creo que no hace falta.
Ustedes los revisan a diario y los conocen mejor que yo.
Cada uno de ustedes está inmerso en un mercado que, no importa su escala, está cambiando.
En cada uno de los pueblos y ciudades donde editamos, el natural recambio biológico nos está privando de lectores.
Y las nuevas generaciones no se acercan a los diarios. No porque no se informen sino porque su agenda es distinta a las que establecemos desde los periódicos.
Eso está absolutamente claro.
Tengo siempre a mano un libro que ayuda a comprender mejor de qué estamos hablando.
Se trata de “Generación Einstein”, una obra de Jeroen Boschma, un consultor que confundó en 1998 la agencia de comunicación Keesie, especializada en el target infantil y juvenil.
¿De qué trata? El libro refleja con claridad a la nueva generación de jóvenes nacidos después de 1988 en Europa, aquellos que inauguran una era de valores positivos desde la Segunda Guerra Mundial y que han crecido de pleno en un mundo digital.
Sin entrar en detalles del trabajo, la conclusión es que son más rápidos, más listos y más sociables.
Que conocen las reglas del marketing, leen la prensa como periodistas, miran películas como directores de cine y analizan anuncios como verdaderos publicistas.
En definitiva, si uno intenta comunicarse con ellos de forma equivocada, te rechazan y los pierdes.
Por lo pronto, un diario ya no es seña de identidad de esas generaciones jóvenes, como lo era de nuestros padres y de nosotros mismos.
Un diario, en definitiva, ya no significa nada para ellos.
Además, frente a las redes sociales, está claro que el periodismo perdió el monopolio de la información.
¿Nos vamos a quedar con los brazos cruzados esperando que estos jóvenes nos excluyan definitivamente de su mundo mediático?
¿No tenemos acaso la experiencia y el know how para construir información?
¿Qué debemos hacer?
Este interrogante nos encuentra en momentos en que la crisis global jaquea a la industria.
Pero tal vez estemos ante una oportunidad.
Porque lo peor que podemos hacer es paralizarnos.
Sírvanse levantar la mano los que consideren que aprovechar esta oportunidad es responsabilidad de los empresarios de los medios.
Ahora, levántenla los que piensen que es una responsabilidad de los periodistas.
Y finalmente, sírvanse hacerlo los que entiendan que es tanto responsabilidad de la conducción de la empresa cuanto de sus periodistas.
Gracias.
Quiero decirles que hay, entre los empresarios y los periodistas, percepciones cruzadas.
Los periodistas piensan que los empresarios están buscando siempre la alternativa para reducir costos. Pero a fuerza de su trabajo.
Y los empresarios observan que sus periodistas descargan sobre ellos la responsabilidad de salvar el futuro del medio.
Vengo del periodismo, pero no estoy de acuerdo con ninguno de los dos.
Tengo para mí que es responsabilidad de ambos.
Y que una tarea seria y responsable, pero conjunta puede acercarnos a una solución a esta encrucijada.
Un cambio de mentalidad en todos los estamentos de la compañía es imprescindible.
Diálogo interno franco y creación de conciencia sobre el momento en el que estamos y el camino que queremos tomar resulta mucho más que una abstracción.
Es una necesidad porque directivos y periodistas ponemos en juego no sólo el futuro de los diarios sino el futuro de nuestra profesión.
Seguramente, ustedes escucharon un tiempo atrás al consultor español Juan Varela.
Dice Juan:
Si en algo coinciden los expertos es en que no todos los periódicos morirán. Pero también en que todos deberán transformarse para sobrevivir en una era en la que la gente, más que nunca, quiere leer historias, aunque no en los formatos que han dominado la prensa 300 años. Hay que ponerse manos a la obra ante un cambio que, dicen, no tiene por qué ser peor.
Debemos, en primer lugar, destruir los mitos que nos hemos creado y los fantasmas que nos persiguen.
Se trata de cambiar la idea autogenerada de que los diarios y sus periodistas son “vacas sagradas” y, como tales, intocables.
Permítanme hacerles un repaso de nuestra propia experiencia en La Voz del Interior. Seguramente, otros tendrán las suyas que serán tanto o más valiosas que ésta.
De lo que es seguro es que nadie puede hoy mostrar resultados contundentes sobre un camino exitoso.
Es que estamos, como dijimos antes, en una encrucijada.
Partamos de una premisa básica:
Así como estamos, vamos mal.
Debemos reconvertirnos.
Cómo hacerlo es el principal problema.
Nosotros lo intentamos definiendo qué modelo queremos, el de una empresa multimedia, generadora de contenidos para, en una etapa inicial, dos formatos: papel e Internet.
Ciertamente es fácil declamarlo. Pero hay que generar conciencia.
Para eso, se conformaron dos comités transversales a toda la empresa; es decir, integrados por miembros de distintas áreas, sin limitaciones de carácter jerárquico:
Comité de Organización y Comité de Producto
La misión del Comité de Organización es revisar dónde estamos y hacia dónde vamos; cuáles son las debilidades y las fortalezas de toda la organización e hincar el diente sobre los procesos que llevamos adelante, en especial en la Redacción, para adaptarnos a los nuevos tiempos.
El objetivo del Comité de Producto es, a su vez, determinar las fortalezas y las debilidades de lo que ya ofrecemos a los lectores; hurgar en las nuevas audiencias y explorar cuáles deben ser los contenidos para cada plataforma.
En el medio, motorizada por el Comité de Organización, lanzamos una encuesta para saber cuánto conoce nuestra gente de Internet y su potencialidad; cuánto la utiliza y cuánto está dispuesta a utilizarla.
En verdad, arrojó algunos resultados sorprendentes sobre los que en otro momento se puede dialogar.
Lo interesante es que nos posibilitó el armado de un plan de capacitación para integrar a todos en este nuevo modelo.
Esto nos permitió construir una pirámide para ir escalando:
1. Base: motivación/comprensión de Internet.
2. Conceptos: el periodismo del presente.
3. Herramientas: con qué hacerlo.
4. Know how: cómo hacerlo.
Se observa, en este esquema muy simplificado, que vamos desde lo general a lo particular, en la convicción de que no tendremos éxito si no partimos de una base de conocimiento sólida.
Hagamos un breve repaso uno por uno.
La motivación y comprensión de Internet, junto a los conceptos del periodismo, apuntas a entender el nuevo modelo de producción de noticia y sus tiempos de vida, muy distintos de los que conocíamos. ¿O es que acaso alguien cree que las primicias, vieja fortaleza de la prensa, hoy pueden servir para sobrevivir? Las noticias nacen y mueren muy rápidamente. Lo que permanece es la profundidad de la información, tanto en el papel como en la web.
El manejo de herramientas se torna fundamental en el nuevo entorno informativo.
¿Es acaso admisible ser casi analfabetos digitales en el mundo virtual? Pero debemos ahuyentar el miedo a insertarnos.
Cuestiones como los programas open source (o de código abierto) ya dejaron de ser de manejo exclusivo de nuestros ingenieros.
Conceptos como SEO (Search Engine Optimization), que es la forma en que mejor nos ubicamos en los buscadores, no debe quedar exclusivamente en manos de nuestras áreas de Marketing.
No quiero decir que empresarios y periodistas debamos tomar cursos acelerados de ingeniería o de marketing. Digo, sí, que no podemos ignorar esos conceptos porque a ellos va atada parte de nuestra inserción en el ecosistema informativo digital.
Y, finalmente, el saber hacer es el modo en que vamos a construir información a partir de esos nuevos conceptos con las herramientas debemos aprovechar día a día para acercanos a la audiencia y ofrecerles noticias atractivas tanto desde el contenido cuanto desde lo visual.
Tenemos en marcha una tarea que, debo admitir, no es sencilla: determinar cuáles son los nuevos flujos de trabajo para servir a los dos formatos, web y papel.
Por cierto, no es sencillo. Después de todo, nos gusta el confort de lo establecido, de lo que venimos haciendo desde hace muchos años.
Por ejemplo, un cierre de edición cada noche, lejos de la necesidad que hoy tenemos de ir ofreciendo a la audiencia la información apenas la tengamos en nuestras manos y, luego, buscar novedosos modos de plasmarla en el papel.
Está claro que requerimos un nuevo flujo de trabajo, establecido a partir de los horarios picos –o prime time- de nuestros productos web.
Esto fuerza a una reconversión de la Redacción para extender sus horarios más allá de lo habitual.
¿Cómo lo pensamos?
Observemos el siguiente esquema en el que un nuevo organigrama nos dará pistas para la organización.
Veámoslo ahora en términos horarios:
· 07.00 Arranque coeditor web.
· 08.00- 15.00 Movilero de mañana. Reportero móvil a discreción en función del calendario y planificación: es apoyado por los redactores de la sección, que comienzan a hacer información en caliente con horario desde la mañana.
· 10.00 -20.00 Horario editor sección.
· 14.00 Se incorpora el redactor web de tarde.
· 21.00 fin turno redactor de tarde.
Mientras tanto, se va elaborando la edición de papel, con redactores y editores específicos.
¿Con qué recursos humanos conformamos esta estructura y definimos este flujo horario?
Primero, tengamos en claro que vamos a una Redacción multimedia. Esto no significa que TODOS los periodistas sean multimedia.
Desde luego, habrá jóvenes y buenos por velocidad en la web; excelentes escritores para el papel y unos cuantos, seguramente, que podrán desenvolverse con soltura y eficiencia en ambos formatos.
Pero todos para todo no parece ser una buena fórmula si no queremos que se papelice la web o se internetice el papel.
Tampoco, desde luego, vamos a abandonar el papel a su suerte.
Tenemos en claro que, con seguridad, todavía quedan muchos años para este formato.
Como está, por cierto, parece que no nos va a garantizar una sobrevida a los tiempos que el mercado determine.
¿Es posible, entonces, reconvertirlo?
Sí, con seguridad sí.
A la muerte anunciada del periodismo podemos enfrentarla con más periodismo.
Hay formas de tratar de encarar esta situación: una de ellas es apostar a una profundización en la calidad de los contenidos.
Si concluimos que la gente ya no encuentra atractiva la noticia que le ofrecen los diarios, pensemos en información más profunda, de calidad.
Dejar de pensar en la noticia y comenzar a pensar en entregar a los lectores un contexto más completo. Es lo que los especialistas llaman ahora “el tema”, lo que implica comprender al periodismo como un proceso.
Información más de fondo, más análisis, más perspectivas parece ser la fórmula.
Sabemos en que un mercado donde reina la escasez de imaginación es complicado.
En este punto es donde debemos también fijar dos grados de responsabilidad:
De los periodistas, para comprenderlo y aplicarlo.
De los empresarios, para facilitar las herramientas a sus periodistas.
Desde luego, la evolución de este modelo web e impreso depende de la calidad de recursos humanos con que contemos y de la vocación que logremos en ellos para integrarse en el proceso.
La gestión de los recursos es, en este contexto, fundamental para avanzar sin contratiempos.
Quería reservar para este tramo final una idea que, creo, todos debemos compartir: en este mundo global, sólo nos salvará nuestro mundo más cercano.
Sí, hay que pintar nuestra propia aldea.
En términos modernos, la hiperlocalidad.
Es decir, el reflejo de nuestra ciudad, nuestra zona.
Tengamos en claro: frente a monstruos globales como Google que nos devuelven la información del mundo al instante, refugiarnos en nuestros intereses más cercanos generará fidelidad con nuestra audiencia.
La idea es que cuando alguien busque en Google información sobre nuestra ciudad nos convirtamos en referentes ineludibles.
Para Obama ya están New York Times, Washington Post o CNN.
Y para Cristina Kirchner, para qué engañarnos, están Clarín y La Nación.
Por qué no desafiarnos a que cuando pongamos en cualquier buscador el nombre de nuestra ciudad, seamos referentes ineludibles. Esta es, probablemente, otra importante carta de triunfo.
Debemos jugarlas una tras otra. No de modo alocado sino muy racional. Pero jugarlas al fin.

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