Julio C. Perotti

Internet, periodismo, medios y demás.

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Enemigos, jamás


The internet and social media are not enemies of journalism and the news business. This means that it’s probably more important than ever for journalists and news organizations to embrace engagement through social media … It’s about doing what journalists are meant to do—and what our communities and audiences often expect us to do.

Amy Gahran via Social media is not the enemy of journalism, Pew report indicates | Knight Digital Media Center

 

Periodismo y ciudadanía, charla en la UNSL



Este jueves 2 de junio participé de la charla “Qué Periodismo…Para Que Ciudadanía”, en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de San Luis, en compañía de Mario Otero (periodista Radio Universidad de San Luis) y Eduardo Latino (Agrup. Educ. Popular y Comunicación. Mendoza).
Una extraordinaria convocatoria en el microcine de la UNSL, que fue tuiteada por varios alumnos, con los que quedé en contacto. Gracias @ecosenza @exilumus @Elina_GM @FlorTorres_jb por el contacto posterior.
Aquí, un apunte de la charla y la presentación.

Redes sociales, ciudadanía y “revoluciones” virtuales

Corría 1995. El pensador francés Alan Minc ponía en circulación un libro que, al menos en su traducción al español, tenía un título muy atractivo: La borrachera democrática. El nuevo poder de la opinión pública.

Las sociedades desarrolladas, decía Minc, se habían basado sobre lo que llamó una “santa trinidad”, formada por la democracia representativa, el Estado-providencia y la clase media.

Sin embargo, los cambios sociales que se habían producido en Europa modificaron la composición de esa “santa trinidad”, que pasó a estar integrada por los jueces, los medios de comunicación y la clase media.

Por entonces, los medios estaban en condiciones de moldear a una opinión pública e influir de manera determinante sobre ella.

Era impensable una revolución sin la participación de los medios como propagadores de ideologías y acciones.

Eso explica, desde siempre, la decisión del poder de turno de lograr un entramado de medios que les respondan para contrarrestar la acción ideológica que tendía a quitarle al poder su condición de ordenador social.
Todo bien, hasta que, allá por 1996, hizo su irrupción en escena la más poderosa herramienta comunicacional de la era moderna: Internet.
La popularización de la red de redes tuvo un crecimiento fenomenal, a punto tal que nadie apuesta a creer que alguna vez logre el punto de madurez, como ocurrió con la industria tradicional de medios, conformada por diarios, radios y canales de televisión.
El mensaje dejó de ir de uno a muchos y pasó de muchos a muchos.

Desde entonces, el control de ese mensaje se tornó poco menos que imposible, salvo que –como en China y pronto en Irán- se apliquen rígidas censuras sobre Internet.

Con todo, el acceso a los medios se vio favorecido, pero no fue suficiente para que éstos mantuvieran su centralidad en el ecosistema informativo.

Muy rápidamente, la sociedad se empoderó de las herramientas y comenzó a darse a sí misma nuevas, rápidas y eficientes formas de comunicación.

Y aquí vamos a punto: una herramienta fundamental son hoy las redes sociales.

• Información al instante.


• Generada por los propios usuarios.


• Contacto directo con las fuentes.

Esta es la nueva “santa trinidad” que está afectando con mucha severidad a la industria de los medios de comunicación.

Sólo basta repasar las pérdidas de audiencia que están sufriendo para comprender la profundidad del fenómeno.

Cito al español Arcadi Espada:

Hay un cambio radical en el paisaje informativo donde la fuente puede contactar sin mediación con los ciudadanos.

Es evidente, y esto tiene formidables consecuencias, que el periodismo ya no gestiona en solitario el debate sobre el conflicto social

Claramente, los periodistas están dejando el centro de la escena como constructores de noticias.

Porque perdieron la credibilidad o porque actuaron de una manera que generó reacciones adversas de la sociedad.

Frente a esta realidad, la gente, la comunidad, se comunica entre sí y con sus fuentes de manera directa, sin intermediarios.

Ahora bien, ¿pueden las redes sociales lograr un entramado de relaciones sólidas en la comunidad, que sean capaces de moldear una nueva política por fuera de los viejos, tradicionales y desgastados esquema de poder?

Estamos hoy en el medio de un interesantísimo debate sobre si Facebook o Twitter son herramientas imprescindibles para “hacer la revolución”.

Egipto, Túnez, Libia y, en estos últimos días, España nos revelan, sí, la capacidad de estas redes para organizar movimientos de resistencia al poder.

Lo de Túnez, decía hace poco el periodista Manuel Castells en el diario barcelonés La Vanguardia, “no fue una revolución por internet. Pero sin internet esta revolución concreta no se hubiera producido”.

En efecto, por internet llegaron las imágenes e informaciones de Túnez.

Y las redes sociales fueron la plataforma de movilización, de coordinación, de solidaridad y de popularización del objetivo de acabar con Hosni Mubarak en Egipto.

Los acampantes en las plazas de España se convocaron también vía redes sociales.

Y, sin embargo, la protesta que tendía a dejar vacías de contenido las elecciones del domingo 22 terminó con un castigo al Gobierno socialista.

El “que se vayan todos”, como ocurrió en la Argentina en 2001, terminó beneficiando al conservadurismo, que ganó las elecciones.

Pero volvamos sobre la capacidad de las redes sociales de generar ciudadanía.

Está claro que la comunicación favorece la movilización.

En la Argentina podríamos pasar de las cacerolas de 2001 a Twitter o Facebook.

Sin embargo, se encienden luces de alerta: un estudioso como Malcom Gladwell publicó en The New Yorker un artículo titulado “Pequeños cambios. Por qué la revolución no será tuiteada”.


Gladwell considera que Twitter o Facebook, o cualquier dispositivo de social media que aparezca, se constituya en el motor de alguna revolución.

¿Por qué? Básicamente porque las redes sociales implican lazos débiles entre los involucrados y porque no incluyen actividades de alto riesgo.

Clay Shirky, otro profesor universitario de Nuevos Medios, que fue aludido por Gladwell en su artículo, tiene una visión distinta:

Aunque los medios sociales tal vez no lleven sin escalas a la revolución, sí ayudan a conseguir los cambios profundos.

Porque permiten –dice Shirky- coordinar las acciones con “un mayor acceso a la información, más oportunidades de participar en el discurso público y una mayor capacidad para emprender una acción colectiva”.

Esto es, en otras palabras, “la posibilidad cierta de construir ciudadanía”.

Vuelvo sobre Manuel Castells, cuyo seguimiento recomiendo, para cerrar:

“El control de la comunicación siempre ha sido una forma de poder. Por ello, la política es mediática. Lo que no existe en los medios, no llega a los ciudadanos”.


El debate está abierto.

Sobre la formación y la ética en el periodismo


>Vía @jlori accedo a un Manifiesto de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (Fape), en el que hace un repaso de los nuevos y difíciles tiempos que enfrenta la profesión.
Me quedo con dos conceptos que me parecen centrales:

Ante los cambios veloces e imparables que promueven las nuevas tecnologías, la inversión en formación continua aparece como una de las grandes prioridades de la nueva era de los medios. Una formación que la Fape concibe en dos apartados: tecnológico y ético. Corresponde impulsar la primera a las asociaciones de periodistas, a los sindicatos y a los medios; la segunda, a las universidades.

Los medios digitales no necesitan inventar otra ética, ya que ésta no depende de los soportes o de modelos nuevos. La pluralidad, la veracidad, la objetividad y la independencia son robustas muletas en las que se apoya la ética, ya sea para los medios escritos como para los audiovisuales y digitales. La honestidad en el manejo de los datos, el rigor, la búsqueda de la verdad, el respeto a la intimidad y al honor de las personas tienen que abrigarnos siempre.

Sobre la convergencia*, un viejo escrito


>

* Publicado el 20 de abril de 2006 en el blog Romper el vidrio. Y reproducido en el libro “Gestión periodìstica“, de Carlos Jornet.
Si bien tienden a otorgarle importancia institucional a la presencia en la web, los medios medianos y grandes no han conformado allí redacciones que superen a las que cuentan para sus productos en papel. Es comprensible: Internet no es una usina de ganancias, al menos por ahora, y el cobro de contenidos, como modo de solventar la presencia en la red, no ha dado resultados. En definitiva, los sitios en Internet terminan siendo subvencionados por el papel. Por eso, en los últimos años se está discutiendo sobre la necesidad de hacer converger ambas redacciones, aunque no sea otra cosa que la absorción de parte de la redacción menor por parte de la mayor.
Sin embargo, aparece un problema de carácter cultural: la metodología de trabajo de los periodistas en papel no resulta fácil de adaptar para que sus noticias se vuelquen en la red. Probablemente por falta de formación, no se comprende cuán importante es que su nombre esté en la web como modo de traccionar lectores hacia el papel.
Es habitual que muchos esfuerzos se pierdan por la división tajante y la falta de contacto entre ambas redacciones: dos redactores escribiendo la misma historia. Aquí es donde adquiere valor la integración del editor web a la mesa de arena, en particular en situaciones de crisis, cuando todo se convierte en un caos.
De ese modo, se podrán aprovechar los materiales de ambas redacciones en un cruce que tenderá a potenciar a los dos medios. Internet podrá contar con anticipos informativos tanto en texto como en audio y hasta, inclusive, video (recordemos que su estructura en general le impide construir noticias desde la calle) y análisis inmediatos de parte de los columnistas del diario.
El papel, a su vez, ganará en presencia inmediata en la web, de modo de “vender” por adelantado los contenidos del día siguiente. Y, como en toda cobertura, los recursos humanos son escasos, habrá más mano de obra disponible, por el aporte de los redactores web.
Adicionalmente, la apertura de foros o espacios para la opinión de los lectores podrá ser utilizada para nutrir una cobertura con una percepción bastante clara de lo que opina el público medio del diario, sus expectativas, inquietudes e intereses, que deberán quedar plasmados en la edición “del día después”.
En otras palabras: es probable que en la inmediatez de la noticia en Internet no podamos darle todas las respuestas, pero la ventaja de tiempo que ofrece el papel nos posibilitará un acercamiento certero a esas necesidades informativas.
La adaptación no resulta sencilla, pero la formación temprana brinda la posibilidad de convertir al redactor en lo que David Randall llama “el periodista universal”:  
Sean cuales fueren nuestras predicciones sobre el futuro, el de los buenos periodistas será más brillante que el de muchas personas que auguran nuestra desaparición. La información se podrá transmitir sobre papel, a través de ondas, mediante cables de fibra óptica, vía satélite o por telepatía, pero, en todo caso, alguien tendrá que filtrarla, investigarla, comprobarla, cuestionarla, escribirla y presentar unos resultados tan dignos de confianza como sea posible. ¿Quién se encargará de estas tareas? El periodista universal…
Con quienes ya tienen muchos años en el ejercicio del periodismo tradicional, es necesario tender puentes para que comprendan el fenómeno web y toda su potencialidad. Ellos pueden, a cambio, ofrecer una historia de rigor informativo y adecuado manejo de fuentes a sus colegas on line, en general gente mucho más joven.
Para estos últimos, lo importante, según Rubén Darío Buitrón[1], se resume en tres puntos:
Primero, armar un equipo de calidad y mística, comprometido con la misión de informar y dispuesto a correr el riesgo y hacer el enorme esfuerzo de abrir nuevos caminos.
Segundo, construir una base de credibilidad y verosimilitud, lo que a la larga le dará prestigio y lectores fieles.
Tercero, ser eficaces en el manejo informativo, logrando una sinergia entre la velocidad para poner la información en el sitio web y la precisión, la exactitud y el rigor periodísticos.
Este trabajo integrador resultará en calidad cuando se trate de coberturas de alto impacto.
[1] BUITON, RUBÉN DARIO. Seis reflexiones sobre periodismo impreso y periodismo digital. Ponencia presentada en el Seminario Internacional sobre Periodismo Digital, organizado por Ciespal en Quito, del 24 al 28 de noviembre del 2003.

>Cómo se hacía un diario en los ’50

>Periodismo: lo dejó el 2010 y lo que viene en 2011, por Esther Vargas


>Con seguridad este será el último post de este 2010.
El año cierra con una certeza y una incertidumbre, aunque parezca paradójico.
La certeza está en que, para los periodistas, ya nada volverá a ser como antes.
La incertidumbre, en que no tenemos muy en claro cómo va a ser nuestro futuro en un ecosistema informativo que se convierte a una velocidad que nuestra cultura no nos permite advertir.
Para despejar el horizonte, siempre es bueno seguir a los que estudian mucho y, por eso, saben. Esther Vargas es una de ellas, entre los líderes.
Su blog Clases de Periodismo está la mayoría de las veces a la vanguardia de nuestras dudas.
Este fin de año vuelve a ponerse en la punta del viento y nos ofrece “Reflexiones sobre Periodismo, lo que dejó 2010 y lo que se viene en 2011”.
Gracias Esther!!! Feliz 2011…

Reflexiones sobre Periodismo, lo que dejó 2010 y lo que se viene en 2011 http://d1.scribdassets.com/ScribdViewer.swf?document_id=46069745&access_key=key-20xispz4nq3j3kxpcw9s&page=1&viewMode=list

>Lo que valen los nuevos y los viejos medios

>Con Brian Hamman en Fopea


>Taller de entrenamiento de editores de medios digitales, Brian Hamman, The New York Times Digital

Universidad de Palermo, 8 y 9 de noviembre, 9 a 13 horas. Organizado por FOPEA
Pronto, un resumen.

>No estamos tan errados


>Reviso el diario El País, de Madrid, del 31 de octubre y veo una entrevista a Giovanni Di Lorenzo, director del diario alemán Die Zeit.
Encuentro algunos conceptos sobre los que venimos trabajando: que Internet no es la causa central de la pérdida de difusión de los diarios. Di Lorenzo plantea que la falta de credibilidad y de calidad son factores concurrentes.
La entrevista de El País.
Lo que dijimos en un barcamp en agosto pasado y, antes, en mayo de 2009, en La Mañana de Neuquén.
Sirva esto sólo para autoconvencernos de que no estamos tan errados.

>Nicholas Negroponte, sobre los diarios y el IPad